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sábado, 22 de enero de 2011

PAULO FREIRE

Cuando se habla de educación emocional, y aún más cuando nos referimos a una pedagogía del amor y de la ternura, puede existir la tentación de reblandecer su sentido, de pensar en una visión ñoña de la vida y de la educación, una visión en la que alumno y profesor son extrañados de su realidad, inmersos en un limbo edulcorado desprovisto de todo conflicto. Es por eso que pienso que estábien recuperar el pensamiento y la figura de Paulo Freire para contextualizar teóricamente está pedagogía de las emociones, del amor.
Para entender la educación de las emociones es preciso recordar el conceto de educación bancaria, una concepción de la educación como proceso de depositar los contenidos en el educando por el educador. Aparece por primera vez en la obra Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire, en la cual se analiza este tipo de educación como instrumento fundamental de opresión en oposición a una educación problematizadora. En lugar de observar la educación como comunicación y diálogo, la educación bancaria contempla el educando como sujeto pasivo ignorante que ha de memorizar y repetir los contenidos que se le inculcan por el educador, poseedor de verdades unicas e inamovibles.
El educador ha de partir del nivel individual, cultural, político, económico, social, en el que el educando se encuentra, con el objetivo de, respetando sus límtes individuales, transformar ese mundo. Concibe la educación como una obra de arte y el educador como un artista que rehace el mundo, lo redibuja. Lo hace desde la sensibilidad, desde la estética y la ética; con su voz que no tiene sentido sin la voz del grupo y entendiendo que el amor es la transformación definitiva y la única foma de enseñar a mar es amando.

PEDAGOGÍA


Educar desde la humildad. Nadie lo sabe todo y nadie lo ignora todo. Educar desde un sueño, desde una utopía, que no haya ni opresor ni oprimido, tampoco en la escuela. Esto no supone la existencia de un reino de la irresponsabilidad en el que educador y educando se encuentren al mismo nivel. Tienen que existir diferentes niveles de responsabilidad lo mismo que tienen que existir límites. No hay vida sin límites, no hay libertad sin límites, pero hay algunos que hay que rechazar por opción ética y política, por respeto a la autonomía del educando.
Un elemento fundamental en la pedagogía de Freire es el diálogo, la pedagogía dialógica. Este diálogo no es fácil ni siempre posible, pero es necesario, tanto que si la estructura no permite el diálogo hay que cambiar la estructura no renunciar a él. Cambiar la estructura es cambiar el currículum tomándolo como la totalidad de la vida dentro de la escuela.

ÉTICA Y UTOPÍA


Hay que tener claro que con educación hacemos política, querámoslo o no, la cuestión es hacerla para transformar el mundo. Transformarlo a través de la clarificación de las conciencias, del desarrollo de la capacidad de pensar crítico. Domesticar es castrar la capacidad de pensar, plantear la realidad como un puro dato. Pensar críticamente para ampliar el poder de uno. Ampliarlo usándolo. Estamos condicionados pero no determinados y trabajamos por transformar las circunstancias que nos condicionan.
Esta actuación sólo puede hacerse desde una combinación de locura y cordura, estando uno "sanamente loco". Es necesario arriesgar. La vida es riesgo, la educación es riesgo.

DIMENSIÓN POLÍTICA DE LA EDUCACIÓN



Uno no puede ser si los otros no son. El educador necesita al educando y viceversa, ambos se educan aunque con tareas específicas.
Para conocer es necesario desarrollar la humildad, no tener vergüenza de reconocer que no se sabe. El proceso de conocimiento no sólo pone en juego la razón sino también la pasión, los deseos, los sentimientos.

EL PROCESO DE CONOCIMIENTO


PAULO FREIRE: VIDA Y OBRA


domingo, 9 de enero de 2011

EDUCAR LAS EMOCIONES



Educar las emociones.


La Vanguardia. 9 de enero de 2011

Mayte Rius

Les enseñamos a montar en bicicleta y a comer con cubiertos... Nos preocupamos por su destreza matemática y su nivel de inglés... ¿Y de sus emociones? ¿Nos ocupamos de que los niños distingan si están tristes o enfadados, de que puedan expresar su rabia o su rechazo sin dañar a otros?

“Los padres nos preocupamos como nunca de que nuestros hijos estén preparados para una sociedad competitiva: controlamos que el sistema educativo les proporcione un buen desarrollo cognitivo y los apuntamos a todo tipo de extraescolares y de actividades complementarias para conseguir que los niños sean más inteligentes, más eficaces; en cambio, damos muy poca importancia a su aprendizaje emocional y este es fundamental, porque sin equilibrio emocional nuestro hijo no será feliz, ni le veremos triunfar en su vida, por muy preparado que esté”. La reflexión es de Purificación Sierra, profesora de Psicología del Desarrollo de la Uned, pero resume bien el sentir de muchos psicólogos, pedagogos, maestros y educadores en general, que con frecuencia expresan su inquietud por la escasa atención que se presta en muchas familias a la educación emocional de los niños.

Cristina Gutiérrez ha visto pasar por la granja escuela que dirige en Santa Maria de Palautordera (Barcelona) a más de 10.000 niños y niñas de todas las edades, y asegura que le preocupa ver que cada vez llegan más con evidentes problemas emocionales. “Nos llegan muchos niños con poca autoestima, que sienten que sus vidas no les pertenecen, fruto de la sobreprotección de sus familias, y también vemos muchos con problemas emocionales y de relación porque en casa viven incomunicados, volcados en la consola y el ordenador, esperando a que lleguen sus padres de trabajar para cenar delante del televisor y regresar a su isla”, comenta. Y apunta que estos problemas se concretan en niños de 8 y 9 años que no saben bajar escaleras, o en malos hábitos alimentarios, como una niña que llegó con siete fuets en la mochila para pasar el fin de semana de colonias porque no le gusta ni come nada más. “Con su sobreprotección, los padres dejan a sus hijos desprotegidos para afrontar la vida, con unas carencias emocionales muy importantes”, asegura Gutiérrez, que hace cuatro años decidió reorientar todas las actividades de la granja escuela en aras de la educación emocional: desde enseñar a los niños a identificar y verbalizar sus emociones, hasta aprender a controlar sus miedos, a canalizar sus enfados o a relacionarse con otros.

Cabría pensar que las emociones se aprenden solas, a fuerza de sentirlas, pero parece que no siempre es así, y que el equilibrio emocional requiere algunas enseñanzas y, sobre todo, mucho entrenamiento. “El conocimiento de las emociones se aprende a través de las experiencias de la vida: si hay una tormenta o siente una amenaza, el niño tiene miedo; si sufre una pérdida, está triste; pero cada uno reacciona emocionalmente de forma distinta, porque no nos emociona lo que ocurre sino cómo interpretamos lo que ocurre”, explica Antonio Vallés, profesor de Psicología de la Salud de la Universidad de Alicante y autor de La inteligencia emocional de los hijos. Cómo desarrollarla (EOS Gabinete de Orientación Psicológica) y La inteligencia emocional de los padres y de los hijos (Pirámide), entre otros libros. Y es en esa interpretación de lo que ocurre, de lo que sentimos y de cómo reaccionamos ante ello en la que los padres tienen mucho que hacer con miras a la formación emocional de sus hijos. "A medida que los niños van desarrollando las emociones no saben lo que les pasa; pueden aprenderlo de forma natural, por experiencia, pero también podemos ayudarles y alentar ese desarrollo etiquetando sus emociones, enseñándoles a distinguir cuando están enfadados de cuando están tristes; y está demostrado que si los padres ayudan, los niños se relacionan mejor y entienden mejor lo que les pasa", asegura Purificación Sierra.

Etiquetar los sentimientos Porque el primer paso en el aprendizaje emocional es lo que los expertos llaman conciencia emocional: saber identificar las emociones en uno mismo y en los demás y ser capaz de expresar lo que se está sintiendo con palabras.Yeso, en el caso de los niños, significa enseñarles a comprender qué emociones tienen en cada situación, si son adecuadas para relacionarse con los demás y para sentirse bien, pero también dotarlos de vocabulario suficiente para expresarlas. Las seis emociones básicas, que se reconocen fácilmente por su expresión facial –alegría, tristeza, miedo, enfado, sorpresa e ira–, han de ir completándose, a medida que los niños crecen, con otras etiquetas emocionales que permitan definir con exactitud qué emoción, sentimiento o estado de ánimo tienen. Felicidad, satisfacción, optimismo, tranquilidad, calma, buen humor, euforia o júbilo pueden permitir expresar diferentes grados y percepciones de la alegría; como molestia, irritación, celos o furia pueden expresar enfado; o preocupación, temor, nerviosismo, horror y pánico pueden servir para concretar el miedo.

Y no menos importante que enseñar a los hijos a poner nombre a lo que sienten es dejarles que lo expresen, que en casa puedan llorar si están tristes o contar que alguien les cae mal sin que se les censure y sin que se reste importancia a aquello que les pasa. “Si se sienten incomprendidos, si les decimos que no pasa nada, que lo que les ocurre es una tontería, no lo expresarán más”, advierte Sierra.

Controlar y socializar las emociones Pero que no haya que censurar al niño porque está enfadado o triste, que no haya que negar las emociones, no quiere decir que haya que dejar que las exprese de cualquier manera. “No se trata de decir al niño que expresa su ira dando una patada que no tiene que enfadarse; hay que explicarle, cuando se calme, que enfadarse es normal, que nos pasa a todos, pero que ha de controlar su impulsividad y buscar otras vías de expresar su rabia sin dañar a otros”, afirman los expertos consultados. Cristina Gutiérrez explica que, en La Granja, los animan a liberarse de la rabia yendo a correr o a chillar al patio, dando patadas al balón o golpes a un saco de boxeo.

La psicóloga Purificación Sierra enfatiza que el comportamiento emocional tiene mucho de social y por eso hay que enseñar a los hijos a regularlo. “Se acepta que un niño llore al dejarlo en la guardería o en su primer día de colegio, pero no que lo haga cada día con cinco años; también admitimos que de pequeños expresen su desagrado si un regalo no les gusta, pero si crecen diciendo siempre lo que piensan y sienten, resultarán conflictivos; por eso hay que desarrollar su empatía y enseñarles a regular sus comentarios para que no hagan daño a quien les regala con ilusión”, ejemplifica. Antonio Vallés da algunas pautas para enseñar a regular las emociones negativas de enfado, miedo y tristeza: “Expresar el enfado de manera inteligente y socialmente adecuada exige controlar las rabietas y respuestas agresivas sustituyéndolas por conductas verbales que expresen el estado de ánimo pero sin alterarse demasiado y respetando a los demás; las respuestas de miedo y enfado deben regularse mediante la relajación, la respiración y el cambio de pensamiento; si aprendemos a relajarnos, a darnos cuenta de cuándo empezamos a enfadar nos o a asustarnos y respiramos profundamente, nos autohablamos (debo tranquilizarme, es mejor que me calme, etcétera), estamos gobernando nuestras emociones y evitaremos que nos alteren y descontrolen”.

Rafael Bisquerra, director del máster en Educación Emocional de la Universitat de Barcelona (UB), considera que la clave de la regulación emocional es encontrar el equilibrio entre el descontrol propio de la impulsividad del organismo (una emoción es una respuesta neurofisiológica) y la represión. Y advierte que encontrar ese punto intermedio no es fácil, requiere entrenamiento y, sobre todo, un buen equilibrio emocional de los padres. “No puedes pedir a tu hijo que controle su ira gritándole; que él esté descontrolado, que grite, no nos autoriza a descontrolarnos nosotros; y eso, que es fácil de decir y entender, esmuydifícil de aplicar, porque para tolerar sus gritos con cierta impasibilidad hay que tener autonomía emocional, no dejarnos arrastrar por las emociones de los otros o del entorno, y ser capaz de relacionarnos de forma positiva”, explica Bisquerra. En su opinión, desarrollar las competencias emocionales propias y de los hijos es cuestión de entrenamiento, como tocar en una orquesta o jugar en un equipo de fútbol, y resulta fundamental para poder relacionarse con los hijos, especialmente durante la adolescencia. “Los padres con hijos adolescentes se enfrentan a una tensión continua donde el chaval tiene una gracia especial para decir todo aquello que provoca una reacción visceral en los padres, y estos han de poder regularse para no ponerse al mismo nivel, para mantener los límites con cariño y responder a los ataques iracundos con el amor y no con más ira”, relata.

También el profesor Vallés cree que los padres han de prestar especial atención a los estados de ánimo de los hijos adolescentes porque los cambios psicológicos, biológicos y sociales que viven en esas etapas les producen nuevas emociones que deben aprender a identificar, expresar y regular. “Los padres deben mostrarse especialmente comunicativos, dispuestos a escuchar sin censurar y a ayudar, porque eso contribuye a disminuir la intensidad de un estado de tristeza, desánimo, temor o inquietud; hay que afrontar sus conductas de descontrol y sus respuestas irascibles con una actitud empática, enseñándoles calma, sosiego y haciéndoles comprender que lo que piensan cuando están enfadados es diferente de lo que pensarían en una situación de calma y tranquilidad”, indica.

Claro que, para poder actuar así, los padres han de saber regular bien su ansiedad y su ira. “Está claro que no es fácil, pero las consecuencias de no preocuparse por la formación emocional son tan graves, que vale la pena intentarlo”, remarcan los especialistas consultados. Bisquerra apunta que la falta de formación emocional se traduce en una impulsividad descontrolada y en una baja tolerancia a la frustración, “unas condiciones que, cuando coinciden con una inteligencia media baja, dan lugar a unas relaciones explosivas entre padres e hijos –sobre todo en la adolescencia–, y predisponen a actitudes de riesgo como el consumo de drogas, embarazos no deseados, conducción temeraria, violencia de género, depresión...”Como modificar el nivel de inteligencia es complicado, el director del máster en Educación Emocional de la UB considera que la mejor forma de prevenir todos esos problemas es desarrollar competenciasemocionales para controlar la impulsividad y aumentar la tolerancia a la frustración.

Antonio Vallés cree que el esfuerzo de los padres para mejorar el comportamiento de los hijos acostumbra a centrarse en las normas de conducta y la disciplina “y, sin embargo, el conocimiento de las emociones y sentimientos de los hijos puede ayudar mucho a la comprensión de uno mismo y también a entender las causas de sus conductas”.

lunes, 27 de diciembre de 2010

REIVINDICACIÓN DE LA TRISTEZA


En estos días de obligadas sonrisas, de artificiales buenos deseos, lo siento, quiero hacer una reivindicación de la tristeza. En esta época de obsesión enfermiza por la salud, de culto patético por la juventud, de exigencia deprimente de alegría, necesito hacer una reivindicación de la tristeza. No para caer en una ridícula estética de la tristeza, no comparto la estética del pesimismo. El dolor, como la tristeza, como el pesimismo, viene dado, no se elige; si así fuera sería una opción estéril y necia. El ser humano, como ningún ser viviente está hecho para sufrir por sufrir, ni por mandato divino, ni por creencias esotéricas, ni, menos aún, por vacua pose estética.
La tristeza se tiene porque no es posible huir de ella. ¿Cómo ignorar la permanente llamada de atención de un cuerpo doliente haciéndose presente segundo a segundo sin posibilidad alguna de abstraerse? Compañero inseparable al que sólo te resta acostumbrarte, hacer tuyo el ruido para que te permita discriminar el resto de los sonidos.
¿Cómo desoír los quejidos de dolor de la gente que te rodea y a la que quieres? ¿Cómo es posible sentirte indiferente sin pagar el precio de tu deshumanización? Los lamentos de los otros estimulan los tuyos, su pesadumbre se convierte en la tuya, cargas con los tonos que percibe su mirada, te pueden llegar a atemorizar sus sombras.
¿Cómo ignorar la realidad en la que vives y de la que eres partícipe? Sus grietas, sus abismos, sus enormes desequilibrios, la sangre de la que se alimenta, tu colaboración en el festín de unos pocos, tu gesto indolente o el simulacro verbal de solidaridad.
La tristeza es tu sombra, permanece pegada a tus talones, cuanto más deprisa pretendas escapar de ella con más fuerza se unirá a ti., se convierte en el sentimiento de fondo, en el estado corporal predominante, de manera sutil, minimalista quizás, pero que, por su persistencia, contribuye a formar el talante que te caracteriza (El error de Descartes. Antonio Damasio)
No es posible abandonar la tristeza en una esquina, espera un momento que en seguida vuelvo, y dejarla allí para siempre. Tampoco creo que, yo, al menos, lo desee. No se trata de un estado corporal emocional que acapare constantemente el primer plano de nuestra atención ni de una coraza que repela cualquier otro sentimiento, con él es posible el sentido del humor, aunque se pueda convertir en un humor negro o irónico; es posible vivir estados de alegría, es incluso compatible con la felicidad como sentimiento de fondo, no la euforia sino la calma, no tiende hacia la oscilación sino al equilibrio. Puede matizar un sentimiento básico para convertirlo en otro más sutil, generar una reacción de síntesis que produzca una emoción adulta, más consiente de los cambios que constituyen la respuesta emocional, más capaz de enfrentarse a la realidad con una respuesta empática, pasando por el tamiz aquellos elementos más rudos, broncos y destemplados, más cercana al otro y a sus circunstancias.
“Memento mori”. No es necesario el siervo que sigue al general romano victorioso para recordarle su mortalidad y evitar que caiga en la soberbia, la tristeza invita permanentemente a la humildad. “Quizá la cosa más indispensable que podemos hacer como seres humanos, cada día de nuestra vida, es recordarnos a nosotros mismos y a los demás que somos complejos, frágiles, finitos y únicos” propone Antonio Damasio en el libro citado, de eso se ocupa la tristeza, guardián fiel desplazándote de todo pedestal, sin amargura, sin derrotismo (pero incorporando la derrota como posibilidad y hecho objetivo en la vida), reconociendo la dignidad al mismo tiempo que el humilde origen y la vulnerabilidad. Instalándonos a la altura de los demás y dejándote conmover por ellos.
Dejarte provocar alguna emoción, enternecimiento. La ternura es un sentimiento éticamente gozoso y estéticamente fructífero, se trata de una variación en la que se entremezcla la alegría y la tristeza, la primera resulta atemperada por la segunda y ésta dulcificada por la otra. Un sentimiento mucho más ajustado a la realidad capaz de conmover hasta la lágrima bañando con suavidad la mirada, domando la agresividad de las pasiones.
Humildad y ternura llevan a la misericordia. La compasión hacia los sufrimientos o errores ajenos sólo es posible desde las dos premisas anteriores, desde la cercanía y el afecto natural, y con ella todas sus derivaciones: altruismo, humanidad, solidaridad, caridad, clemencia, piedad; y con todo ello la inmersión en un concepto erróneamente añejo, el de la virtud, la preocupación por las cualidades personales esencialmente buenas. La educación emocional es, en sí misma, una educación en valores.
Razonamiento y emociones no se tratan de procesos independientes, de igual manera que no hay separación posible entre alma y cuerpo. El fondo de tristeza también aporta la oportunidad del sentido crítico, de la autocrítica, de la insatisfacción que nos lleva a los deseos de mejora, de la razón con los pies en el suelo. Sólo un punto de insatisfacción aporta el empeño por ir más allá, por no quedar contento sin más con la realidad dada, por la necesidad de discernir, no dejarse atrapar por lugares comunes, por no quedarse paralizado al calor del establo. Tristeza no es sinónimo de inteligencia pero sí puede servir de factor desencadenante.
Por último, el sentimiento de fondo de tristeza no ha de ser equiparable a una personalidad lúgubre, permanentemente cariacontecida. No sólo es posible la sonrisa cuando hay ternura, sino que es inevitable, como lo es el arco iris cuando los rayos de sol atraviesan las gotas de agua.

viernes, 17 de diciembre de 2010

II CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE INTELIGENCIA EMOCIONAL

Gracias a nuestra amiga Anna Carpena disponemos de los vídeos de las conferencias del II Congreso Internacional sobre Inteligencia Emocional celebrado en Santander en el año 2009.

Conferencia de Carlos Belmonte. Perspectivas y desafíos en la investigación del cerebro.

Conferencia de Joseph Durlak. Un modelo de estudio de programas escolares destinados a fomentar el aprendizaje social y emocional de los alumnos.

Conferencia de Bernad Rimé. Como compartimos y regulamos socialmente las emociones.



Conferencia de Kimberly Schonert-Reichl. Cómo acelerar el desarrollo de la empatía, el optimismo y el altruismo en niños y adolescentes.



Conferencia de Sonja Lyubormisky. La ciencia de la felicidad: intervenciones positivas para mantener e incrementar nuestro bienestar.

martes, 7 de diciembre de 2010

TRABAJANDO LA AUTOESTIMA

La autoestima es la imagen positiva que se tiene de uno mismo. Hay que señalar dos aspectos en las percepciones del sujeto respecto a sí mismo:
a) Un aspecto cognitivo: el autoconcepto, idea o concepto de sí mismo.
b) Un aspecto predominantemente emocional: la autoestima o sentimiento de estima hacia uno mismo.
El autoconcepto, por tanto, consiste en un proceso mediante el cual la persona percibe sus propias características y reacciones. Es la imagen que el individuo tiene de sí mismo; refleja las experiencias y sobre todo los modos en que estas experiencias se intepretan.
La autoestima insiste más en la evaluación de las características. Gozar de autoestima pone de manifiesto una seguridad interior, una confianza en si mismo y un respeto propio. Ahora bien, no confundamos autoestima con autoglorificación o con la sobrevaloración de nuestras capacidades. Estas cualidades desmedidas reflejan una autoestimación equivocada.


Dentro de las causas que pueden desencadenar un bajo autoconcepto y una baja autoestima podemos encontrar:
- Carencias afectivas.
- Infravaloración del yo.
- Déficit en habilidades sociales.
- Falta de asertividad.
- Menoscabo de su autoestima por parte de sus familiares.
- Sentimiento de soledad.
- Falta de autonomía personal.
- Pérdida de habilidades cognitivas: memoria, atención...

Factores que contribuyen a que nos formemos una autoimagen negativa:
- Timidez y falta de confianza.
- Victimismo ( puede manifestarse en forma de celos, culpabilización, envidia...).
- Incapacidad de expresar alegría o bien de disfrutar ante aspectos o actividades agradables.
- Escaso desarrollo de la creatividad.
- Despreciar nuestras dotes naturales.
- No ser valorado por los demás.
- Echar la culpa de nuestra debilidad a los demás.
- Dejarse influir por otro con facilidad.
- Ponerse a la defensiva y frustrarse con facilidad.
- Sentirse impotente.
- Tener estrechez de emociones y sentimientos.

Para corregir estos factores que contribuyen a que formemos una autoimagen negativa de nosotros mismos, es preciso que centremos nuestra atención en los siguientes aspectos:
- La vinculación.
- La singularidad.
- El poder.
- Las pautas de comportamiento.
- La asertividad.


1. LA VINCULACIÓN
Es la consecuencia de la satisfacción que obtiene la persona al establecer vínculos que son importantes y que los demás consideran como importantes. Tener un grado positivo de vinculación significa:
- Estar relacionado con otros ( hijos, matrimonio... )
- Identificarse con grupos concretos.
- Tener pasado y herencias concretas.
- Poseer algo importante: recuerdos, personas, cosas.
- Que los demás nos reconozcan el aprecio hacia las personas y las cosas sobre las que nosotros nos sentimos vinculados.
- El que se cuente con nosotros para realizar las tareas. Sentirnos importantes hacia los demás, que se nos pida opinión.
2. SINGULARIDAD
SER ÚNICOS, específicos, el sentirnos con un conjunto de cualidades que nos hacen ser distintos a los demás.
Resultado del conocimiento y el respeto que la persona siente por las cualidades y atributos que le hacen diferente, apoyando por el respeto y aprobación que recibe de los demás por esas cualidades.
Esto significa:
- Respetarse.
- Saber que se es alguien especial, aunque se parezca en muchas cosas.
- Sentir que se puede y se saben cosas que los demás no saben y no pueden hacer.
- Saber que los demás te crean especial.
- Ser capaz de expresarse a su manera.
- Usar la imaginación y dar rienda suelta a tu potencial creativo.
- Disfrutar por ser distinto.
3. PODER
Capacidad para cambiar circunstancialmente su vida. “ Tener sensación de poder “.
Consecuencia de que la persona disponga de los medios, oportunidades, y capacidades de modificar las circunstancias de su vida de manera significativa.
Tener sensación de poder significa:
- Creer que normalmente se puede hacer lo que se planea. “ Me veo con la capacidad de hacerlo “.
- Saber que se puede disponer de lo que se precisa para hacer lo que se tiene que hacer “ Tengo medios “.
- Sentir que se tiene a su cargo alguna de las cosas importantes de su vida.
- Sentirse a gusto cuando se lleva a término algo que está bajo su responsabilidad.
- Saber cómo tomar decisiones y resolver problemas.
- Saber cómo comportarse cuando se está angustiado o agobiado de manera que no se pierda el control de sí mismo.
4. PAUTAS DE COMPORTAMIENTO
Reflejan la habilidad de la persona para referirse a ejemplos humanos, filosóficos y prácticos adecuados que le sirvan para establecer su escala de valores, objetivos, ideales y exigencias personales.
Tener pautas significa:
- Toda persona puede servirles de modelo.
- Desarrollar la capacidad de distinguir lo bueno y lo malo.
- Tener valores y creencias que sirvan de guía práctica al comportamiento.
- Tener amplio campo de experiencia de manera que no nos asusten las nuevas situaciones.
- Desarrollar la capacidad de trabajo para conseguir objetivos y ser consciente de lo que esto significa.
- Saber que el ámbito en el que se mueve la persona se aprecian positivamente los aspectos por los que se rigen.
- Tener sentido del orden.
- Otorgarle un sentido a lo que ocurre en la vida.
5. LA ASERTIVIDAD
Tener asertividad significa:
- Resolver los problemas.
- Sentirse a gusto con los demás.
- Sentirse satisfecho.
- Sentirse a gusto consigo mismo.
- Estar relajado.
- Sentirse con control de sí mismo y de las circunstancias.
- Crear y fabricar la mayoría de las oportunidades.

El trabajo en la escuela:

• No al currículum de la felicidad.

El término, utilizado por Ramón Flecha y que forma parte del marco teórico de las Comunidades de Aprendizaje, hace referencia a la búsqueda de u currículum rebajado, de mínimos, que supuestamente aporte un estado de felicidad al alumnado “discapacitado” evitandole estados de frustración.
Ya en la década de los ochenta la informacionalización se gestionó desde un modelo social que era clara y profundamente no igualitario. Durante esos años se fue produciendo la sustitución de la antigua división entre trabajos de cuello blanco y de mono azul por la división entre puestos de trabajo, ocupaciones precarias o paro, y la dualización de la educación (en un extremo los criterios de la competencia y el esfuerzo orientados hacia el bachillerato y la carrera universitaria y en el otro los criterios del curriculum de la "felicidad" destinados a quienes se piensa que no lograrán esos niveles educativos socialmente requeridos). En esa época toman fuerza los dobles discursos: organizamos una educación para las hijas e hijos de los demás mientras aseguramos una distinta para los nuestros. Las comunidades de aprendizaje parten de una base: todas las niñas y niños tienen derecho a una educación que no les condene desde su infancia a no completar el bachillerato y no acceder a un puesto de trabajo.
Para lograrlo hay que transformar las escuelas que hemos heredado de la sociedad industrial en las comunidades de aprendizaje, que exigen un modelo igualitario de sociedad de la información. La orientación no es la adaptación sino por el contrario la transformación del contexto, tal como proponía Vygotsky (1979/1930-1934) y como proponen las teorías sociales (Habermas, 1987-1989/1981; 1998/1992) y educativas (Freire, 1997/1995) más referenciadas actualmente en el mundo. Ambas proponen el aprendizaje dialógico (que engloba y supera el significativo).

Marco Teórico:


Vigotsky, Bruner, Habermas, Freire, Flecha, Chomsky, Mead...
Traer los refuerzos al aula, no segregar al alumnado.
No excluir ninguna voz, sino incluirlas todas en el mismo aula.
Entorno estimulante lleno de interacciones entre el alumnado y con distintos tipos de adultos.
Máximas expectativas para todos y todas.
Aceleración de aprendizajes para todos, principalmente para los más desfavorecidos.
Pedagogía de máximos, no de contenidos mínimos.
Crítica al “Currículum de la felicidad”, propio de agrupamientos flexibles y adaptaciones por niveles.
El aprendizaje se construye a través de la interacción social.
El aprendizaje opera únicamente cuando el niño está en interacción con las personas que le rodean, y esto es lo que activa la zona de desarrollo próximo.
La interacción con los demás y en especial con sus iguales es fundamental, ya que produce un desequilibrio por la confrontación de puntos de vista.
La importancia del centro educativo como comunidad



• Orientaciones para el trabajo en el aula:


- Todo el profesorado es tutor de todo el alumnado. El trabajo de la competencia emocional es responsabilidad de todos.
- Estar alerta para evitar la repetición de las experiencias desagradables, principalmente humillaciones y ataques a la confianza en sí mismo. La mayoría de las veces se acusa al profesor de provocar tales situaciones.
- El posible rechazo por parte de los compañeros puede desencadenar sentimientos de inferioridad. Por otra parte, si el escolar no es capaz de enfrentarse oportunamente, a las posibles presiones de sus compañeros y cede reiteradamente, perderá autonomía y seguridad en sí mismo.
- Un alto nivel de dependencia puede provocar menosprecio hacia las propias decisiones.
- Las reacciones del niño, su capacidad de aprendizaje, el posible fracaso escolar, su relación con el grupo, son datos que es necesario estudiar.
- Conviene detectar el grado de cooperación, su competitividad, si es solitario, si adopta una actitud pasiva o de liderazgo.
- Si mantiene buena conducta o su comportamiento es conflictivo. Y determinar cuales han sido para el niño las situaciones escolares más traumáticas.
- Se debe educar la libertad del niño y del joven para que pueda hacer uso de ella de forma natural y adecuada, fuera del ámbito escolar. Tengamos en cuenta que la libertad implica capacidad de elegir y aceptar la responsabilidad de los actos libres. La persona con baja autoestima no está capacitada para ninguna de las dos cosas.
- La educación en la autoestima supone un importante y lento aprendizaje del vivir humano.
- El educador debe reforzar en el niño y en el joven lo que existe de armónico o positivo y neutralizar lo discordante. Insistimos que educar la propia estima significa un aprendizaje para la vida. Y no se puede vivir humanamente sino partiendo de la capacidad de criterio propio para apreciar las personas, cosas y situaciones. Solamente así se podrá elegir el camino más adecuado entre varias posibilidades y atenerse a las consecuencias de esta elección.
- Formar al sujeto para la sociedad no significa inducirle a ver solamente lo que le indican, supone facilitarle el desarrollo de autonomía en solidaridad y responsabilidad y a esto sólo se llega a través de la propia estimación. Hay que enseñar al educando a adquirir la sabiduría existencial. Cada acontecimiento lleva en sí una enseñanza, de cada experiencia podemos extraer la lección pertinente para nuestra vida. Por otra parte, conviene destacar algunos niños que se consideran inútiles porque nadie les tiene en cuenta. Se imaginan que no poseen nada en sí que pueda hacerles dignos de ser respetados y merecedores de aprecio.
- Una palabra agradable, tan sólo, puede ser el medio de salvar el sentido de una vida que de otro modo puede trastornarse para siempre. En el ámbito escolar comunicar al educando su valía y sus capacidades supone aumentar sus expectivas de autoeficacia.
- Cuando el sujeto ha aprendido determinadas estrategias de aprendizaje posee las habilidades necesarias para realizar una tarea, la confianza en su autoeficacia intensifica y mantiene el esfuerzo para conseguir la meta, que no se lograda si el sujeto dudase constantemente sobre su adecuación personal para la citada tarea (Bandura, 1983).
- En la escuela se suele premiar más el triunfo que el mérito. Lo mismo ocurre en otros centros educativos, donde se mira solamente el punto de llegada. Pero para conocer el mérito y apreciarlo hay que considerar el punto de partida del educando, el tiempo que ha empleado y los medios de que ha dispuesto para hacer el recorrido. Hay un gran principio que, en nuestra opinión, debe prevalecer en todo centro: "Valorar en primer lugar el esfuerzo, el buen resultado ya llegará"
- La madurez personal supone autoconocimiento y, por consiguiente, comprensión de las propias limitaciones.
- Si el alumno siente satisfacción personal, puede esto determinar que se concentre mejor en el estudio, lo que, a su vez puede traducirse en una mejor adaptación familiar, escolar y social.
- Todo poder reside en el propio sujeto y ser consciente de ello significa estar en posesión de la autoestima. Consideremos que el aumento de la propia estimación es el principio de un auténtico progreso.


Páginas utilizadas:



Otras:






VÍDEOS PARA LA AUTOESTIMA Y RESILIENCIA



La autoestima se encuentra íntimamente ligada a la capacidad de superación de los golpes de la vida, de los periodos de dolor. Una persona con baja autoestima, con un autoconcepto negativo de sí misma dificilmente superará estos momentos o lo hara de una manera defectuosa. Los vídeos que presento a continuación, alguno de ellos muy conocido, realizan una unión perfecta de ambos conceptos.


EL CIRCO DE LAS MARIPOSAS




HEROICA 3





EL DISCURSO DE STEVE JOBS




VIDAS PARALELAS







lunes, 29 de noviembre de 2010

El aprendizaje-servicio

Educar las emociones supone, necesariamente, dar la posibilidad de ejercitarlas en la práctica. El aula se trata del lugar prioritario para ejercitar esta educación, sus actitudes y valores; pero, con sólo un poquito que nos paremos a pensar nos daremos cuenta de que para esta tarea ese espacio se nos queda extremadamente pequeño y que necesitamos poner en situaciones más complejas y variadas al alumno si queremos que éste tenga ocasión de desarrollar ese aprendizaje y aquí, aparece el centro como espacio significativo de aprendizaje, como generador de situaciones en las que tener ocasiones para adentrarse en la complejidad. Éste paso ya es en sí problemático pues no tenemos la costumbre de entender el centro educativo como núcleo fundamental de aprendizaje, como lugar educativo en sí mismo, con sus propios espacios y tiempos al servicio de un único proyecto, y aún así si somos honestos con nosotros mismos hemos de aceptar, en primer lugar, que el centro se nos vuelve a quedar pequeño y que es la comunidad la que educa, y, en segundo lugar, que nosotros no podemos desentendernos sin más de ese proceso educativo más allá de las paredes del centro. Nuestra responsabilidad y servicio no se agota en el nombre y número de lista que supone el alumno, sino que, a través de él, ha de llegar a la comunidad en la que vive y coeduca con nosotros.
El aprendizaje-servicio es un instrumento idóneo para trabajar dos competencias, la social y cívica (¿cómo será posible evaluarla fuera de una práctica de servicio a la comunidad?) y la emocional. En ese servicio a la comunidad es donde se forjan realmente las emociones, empatía, auoestima, sensibilidad, equilibrio. Nos topamos con un importante problema, la devaluación que en nuestra sociedad ha sufrido el concepto servicio. En esa devaluación, no escurramos el bulto, hemos colaborado todos. Se nos llena la boca de que estamos ante el culto del individualismo, del egoísmo social, del interés en todo y para todo y, al mismo tiempo, no concebimos el servicio como acto gratuito y forjador de la personalidad. Todo ha de tener un precio, también el servicio. Éste parece humillar al que lo realiza en vez de engrandecerlo. ¿Qué imagen de nosotros mismos estamos ofreciendo? ¿La de una persona desinteresada, servidor público, comprometida con su entorno, o la de un funcionario tópico y típico, con horario de oficina, que mide tiempo, esfuerzo y dinero?
La mejor solución para aclararnos es ponernos en contacto con aquella páginas que llevan tiempo trabajando este tema.

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viernes, 19 de noviembre de 2010

VÍDEOS PARA LAS EMOCIONES

A veces la publicidad nos ofrece auténticas joyas con las que podemos trabajar en el aula el mundo de las emociones. Se tratan de anuncios que no necesitan palabras para despertarlas y hacerlas comprender. Anuncios con múltiples lecturas, que parecen sencillos pero que encierran una gran complejidad, la de la vida. Recursos muy aprovechables que merece la pena visionar.

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El abrazo de la vida. Un vídeo enormemente sugerente, hecho para recomendar el cinturón de seguridad, permite múltiples lecturas. El abrazo que en la vida necesitamos en todo momento, que nos ayuda a salvar los innumerables golpes que la vida nos depara. La ayuda de los demás, el agradecimiento, el contacto, todo aquello que nos permite seguir viviendo.

El miedo ante los retos que nos depara la vida, la autoestima que nos flaquea, el paso atrás que a menudo damos, ¿para retirarnos? Para tomar fuerzas y enfrentarnos sin miedo a esos miedos. Atrevete a cambiar.

El esfuerzo por conseguir un momento de felicidad para el otro. El amor, la empatía y también la desconfianza, las etiquetas que nos hacemos de los demás que nos llevan a sospechar de todos sus actos. El interés porque la persona que sufre pueda ver una realidad mejor a través de su ventana.

Hacemos y somos lo que vemos hacer y ser. La necesidad de ejercer influencias positivas, en primer lugar en la familia, pero, más allá, en cualquier sitio, en la escuela, en el instituto, en la calle, allá donde estemos. Los niños son nuestro reflejo, lo que no nos gusta en ellos nos debe llevar a interrogarnos sobre nosotros mismos.

Otra vez los clichés con los que juzgamos a primera vista a los demás. Está claro, se trata de una niña "deficiente", una "a.c.n.e.e.". Pero no, o sí, quien sabe, lo que importa es lo que ella está tratando de hacer, lo que lleva dentro. La expresividad, los gestos que nos faltan a nosotros, que vamos perdiendo conforme crecemos; la creatividad que se perdió hace mucho y que al faltarnos nos impide ver más allá de lo que creemos evidente.

De nuevo la empatía y los gestos. Lo que parece una trastada resulta un maravilloso acto de amor. ¿Hacemos posibles ese tipo de actos o imponemos las reglas, el orden? El dolor del que deseamos alejar a los niños, convertido en una caricia. Que no lo vean, que no lo sientan, que crean que no existe... hasta que se topen de golpe con él y no sepan como reaccionar. Igual que nosotros.

Por último, unos vídeos para los más pequeños incluidos en una página enviada por nuestra amiga Anna Carpena. Se trata de una página dedicada a la atención a la diversidad, que incluye vídeos para el trabajo de la educación en valores.