sábado, 13 de agosto de 2011

CASANDRA Y LA EDUCACIÓN (2)


EL PACTO

Es la palabra de moda, la segura panacea de todos nuestros males, la esperanza de un futuro mejor o la coartada para que todo siga igual. Tenemos los ojos puestos en ellos, con el sincero desencanto de la causa perdida o con cierta ironía hipócrita del que no espera nada pero del que tampoco desea nada. Se trata de la escenificación del autismo político predominante, la perfecta representación de un teatro del absurdo en la que no hay actores y espectadores sino que los papeles de una misma función se encuentran repartidos de igual manera entre la platea, el escenario y las bambalinas. Aplaudamos el melodrama y aplaudámonos a nosotros mismos. Pero cambiemos el foco y proyectemos su luz sobre otro tablado, el de nuestro lugar de trabajo, el de nuestro centro. ¿Cuál es nuestro pacto? Quizás el de “si tú me dejas en paz yo te dejo en paz a ti”, quizás el de “no hay nada que una más que el de un enemigo común” o el de “puesto que el ideal es imposible pongámonos de acuerdo en no acometer tampoco lo posible”, “puesto que nuestras opiniones son diferentes mejor no tocar las cosas”, el del lenguaje políticamente correcto, el de medir las palabras, el de guardarnos las disidencias. Es ahí donde percibimos lo complicado que es alcanzar acuerdos, lo renuentes que somos al diálogo, lo duro de los compromisos y las obligaciones. Es ahí donde nos hacemos conscientes de lo difícil que es un pacto y de lo reacios que somos a intentarlo. Para ser sinceros con nosotros mismos, no deberíamos hablar de pactos, sólo deberíamos hablar de componendas.

DE ANALFABETOS

¿A qué invitan nuestros centros? ¿de qué nos hablan sus paredes? ¿qué se respira en su entorno? ¿la educación planificada empieza y acaba en nuestra materia? ¿hay iniciativas más allá de esos cincuenta minutos? Es un centro, sí, ¿de qué? ¿Se trata de un entorno de aprendizaje rico? Lo sabemos, nuestros alumnos no tienen deseo por saber aquello que no saben. No tienen curiosidad. Lo sabemos, en las familias no siempre se cuida esa curiosidad. ¿La tenemos nosotros? ¿Qué leemos? ¿Por qué nos interesamos? ¿Qué hacemos en nuestro tiempo libre? ¿La transmitimos? ¿La contagiamos? ¿Es el centro un proyecto común o una mera suma de agregados? ¿Estamos un centro cultural, verdaderamente cultural o ante un mero centro expendedor de aprendizajes? ¿A qué nos aproximamos más? Horario de apertura y de cierre de la ventanilla; por favor, guarden su turno; guarden silencio, no se muevan, no piensen fuera de las horas establecidas ni más allá de las normas obligadas. No, no, no. ¡Qué bonita es la creatividad! ¿La estimulamos o nos estorba? ¡Qué linda la curiosidad... y cuanto incordia un niño curioso!

Se acabó hace años el analfabetismo, hoy el sistema educativo, los centros educativos, han de estar para algo más, corremos el riesgo de sacar en serie personal letrado, pero analfabeto funcional; personal instruido pero analfabeto cultural, personal enciclopédico pero analfabeto emocional. ¿Y nosotros?

CORINTIOS XIII Remake

(Un discurso pasado de moda)

Aunque domine todos los idiomas y tenga el don de la palabra, si me falta emoción, conocimiento y sinceridad en lo que digo no soy nada más que una campana que resuena sin parar.

Aunque controle las nuevas tecnologías y esté a la última en el software y el hardware más moderno, si no hay cercanía y humanidad en mi trato no soy sino una fría herramienta al servicio de los poderosos.

Aunque haya leído todos los libros, llenado mi currículum de títulos y de créditos, si mi sabiduría no nace de mi contacto con la realidad y de mi sensibilidad ante el dolor y el sufrimiento no soy sino un engolado patán que vive de la adulación y de la falsedad.

Aunque presuma de mi fe o de mi ideología, de la férrea defensa de mis valores, si no tengo ternura y capacidad de escucha y diálogo no soy sino una roca sorda a lo que a mi alrededor ocurre.

Aunque sea capaz de hacer las más bellas programaciones, hilar con soltura competencias, objetivos, contenidos, indicadores y criterios de evaluación si mi práctica no transmite pasión, no se interroga y no crea personas críticas, libres, comunicativas y solidarias, no pasarán de ser papeles pasto para las llamas.

Aunque pretenda dar lecciones desde la cátedra de mi grandeza si no tengo amor sólo es ostentación hueca que a nadie le sirve.

El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza de la verdad.

El amor nunca pasará. Las tecnologías quedarán desfasadas y perderán su razón de ser, callarán las lenguas y ya no servirá el saber más elevado, porque todo saber queda muy imperfecto. La ternura, la humanidad, la emoción, la sinceridad, el diálogo, el amor, en eso consiste el verdadero conocimiento y sabiduría, la que nunca dejara de ser necesaria.

CASANDRA Y LA EDUCACIÓN (1)

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