lunes, 14 de noviembre de 2011

LA INEVITABILIDAD DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL

La educación emocional puede parecer para muchos una moda más, la ocurrencia de turno del gobernante que tiempo habrá para ignorar, para dejar, como hemos hecho otras veces, reducida a letra impresa en un boletín oficial, para así dedicarnos a lo “nuestro”, aquello que sí es de nuestra competencia, las materias de toda la vida que han sobrevivido y sobrevivirán a cualquier moda. Y, sin embargo, si algo nos compete, si en algo hemos ocupado nuestro tiempo, seamos conscientes o no, ha sido en la educación emocional. Podemos haber enseñado pocas o muchas Lengua y Matemáticas, podemos ser de Latín o de Física, podemos saber mucho o no saber nada de nuestra materia; explicar de una manera o de otra, hablar de más o de menos, pero lo que todos, todos, habremos educado o maleducado será emocionalmente a nuestros alumnos. Cada día, con cada gesto, con cada palabra, con cada tono de voz, con cada aproximación, con cada distanciamiento, con cada una de las actitudes e iniciativas que hallamos tomado hemos estado transmitiendo una emoción y hemos estado provocando una emoción. Nosotros no somos alguien pasajero en la vida de nuestro alumnado, alguien anecdótico, podremos jugar a serlo, pretender que lo somos pero nunca será así.

La educación es, por encima de todo, un encuentro entre personas, con sus expectativas, con sus cargas vitales que a veces pesan como una losa en el proceso de aprendizaje, con sus sueños, con sus temores, con los complejos que a veces, sin querer, nos empeñamos en remachar como un clavo que creemos no suficientemente afianzado. Todo esto forma parte de la educación emocional y que esta es esencial en la educación. No se puede escindir en dos la vida de uno, la personal por un lado y la profesional por otro, como si se pudiera colgar quién era en la percha de la entrada para recogerlo al final de la jornada, como si se pudiera dejar los afectos y las emociones fuera, lo que quería ser y con lo que disfrutaba, como si esas horas allí formaran parte sin más de un obligación que había que cumplir de la manera más aséptica posible, sin mancharse, sin implicarse demasiado, sin que nos dejara huella. Como si mis alumnos pudieran hacer lo mismo. La deriva hacia el no lugar, aquel por el que pasamos sin dejar nada de nosotros en él, por el que pasamos sin que deje nada de él en nosotros. Lugar de paso fácilmente intercambiable por otro.

Pero la educación emocional no es un añadido, se encuentra inmersa en todo el proceso de enseñanza-aprendizaje y constantemente ayuda o entorpece el mismo. Por ejemplo, educar en la creatividad implica partir de la idea de que ésta no se enseña de manera directa, sino que se propicia.

· Favoreciendo en los estudiantes el desarrollo de una tolerancia a la ambigüedad, dándoles más espacio en las clases para pensar sobre una situación problemática que se les presenta y estimulándolos a reflexionar desde el principio.

· Favoreciendo la voluntad para superar obstáculos y perseverar. Una clase donde los obstáculos se convierten en oportunidades y no en amenazas.

· Desarrollando la confianza en sí mismo y en sus convicciones a través de indicadores que no siempre sean las buenas notas.

· Enseñando a nuestros alumnos a vencer el temor al ridículo y a cometer errores, ya que esto representa romper con reglas establecidas. En el caso del temor a cometer errores es importante aprender a reciclar los mismos como fuente de aprendizaje y evitar que el alumno tenga miedo a equivocarse ante el maestro. Hay que ayudar a los alumnos a librarse del miedo a cometer errores, manifestando tolerancia y respeto por sus ideas, cuestiones y producciones.

· Protegiendo las producciones de los alumnos de la crítica destructiva y de las humillaciones de sus compañeros.

· Rompiendo con aquellas creencias en las cuales el maestro tiene la verdad acerca del conocimiento a construir y el alumno debe encontrarla bajo el control de este experto; donde el maestro constantemente habla y el alumno escucha y les hace sentir en las clases que está plenamente seguro de lo que enseña, que hay poco que descubrir e indagar en relación con esto. Este tipo de maestro genera actitudes en los alumnos ante el aprendizaje que se caracterizan por la inseguridad, la pasividad, la sumisión, la dependencia, la repetitividad, la reproducción de conocimientos más que la construcción activa del mismo.

· Convirtiendo las aulas en espacios para asombrarnos, experimentar e investigar. Uno de los recursos más importantes y al alcance del educador es la capacidad de asombrarse ante cada comentario reflexivo o creativo de sus alumnos. Para lograr lo anterior el maestro ha de propiciar un conocimiento lleno de sorpresas y situaciones inesperadas. Es decir, lleva a los alumnos a disfrutar de lo inesperado y lo incorpora dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje que está ocurriendo.

Qué es todo esto sino trabajar las emociones con nuestras emociones. Confianza, asombro, temor, ridículo, la creatividad solo puede desarrollarse en un clima en el que prevalezcan las dos primeras, y será imposible donde predominen las dos últimas. A partir de ahí podremos poner en práctica las técnicas que deseemos y que hayamos aprendido, sin ese clima toda técnica será inútil.

Creatividad y aprendizaje, en general, se encuentran directamente ligados al concepto de autoestima. Fortaleciendo esta estamos facilitando ese aprendizaje, debilitándola nos encontramos destinados al fracaso.
Dentro de las causas que pueden desencadenar un bajo autoconcepto y una baja autoestima podemos encontrar:

- Carencias afectivas.

- Infravaloración del yo.

- Déficit en habilidades sociales.

- Falta de asertividad.

- Menoscabo de su autoestima por parte de sus familiares.

- Sentimiento de soledad.

- Falta de autonomía personal.

- Pérdida de habilidades cognitivas: memoria, atención...

Para corregir las causas que contribuyen a que formemos una autoimagen negativa de nosotros mismos, es preciso que centremos nuestra atención en los siguientes aspectos:

- La vinculación. Estableciendo un grado positivo de vinculación con los demás.

- La singularidad. Conciencia de que somos únicos con unas cualidades propias que nos hacen ser diferentes, apoyada por el respeto y aprobación que se recibe de los demás por esas cualidades.

- El poder. Tener sensación de poder significa tener conciencia de la disposición de los medios, oportunidades, y capacidades de modificar las circunstancias de nuestra vida de manera significativa.

- Las pautas de comportamiento que reflejan la habilidad de la persona para referirse a ejemplos humanos, filosóficos y prácticos adecuados que le sirvan para establecer su escala de valores, objetivos, ideales y exigencias personales.

- La asertividad, que supone sentirse a gusto con los demás, sentirse satisfecho, sentirse a gusto consigo mismo, estar relajado, sentirse con control de sí mismo y de las circunstancias.

Todos estos aspectos suponen la preparación de las condiciones adecuadas para el aprendizaje y es, evidentemente, pura y dura educación emocional. Planteársela o no implica la búsqueda del éxito o la aceptación, de entrada, del fracaso.

Nos encontramos constantemente transmitiendo información, pautas de comportamiento, modelos, a través de ese currículum oculto siempre presente, de la educación informal que se práctica desde el primer minuto de entrada hasta el último de salida. Ponemos en práctica, a menudo, técnicas destinadas a fallar por no tener esto en cuenta. La última moda de la animación a la lectura que no hace lectores puede ser un buen ejemplo de esto. Se lee por dos cuestiones obvias, porque se puede y porque se quiere. En el primer caso nos referimos, fundamentalmente, a la competencia lectora y a la existencia y uso de la biblioteca. En el segundo nos encontramos de nuevo con un componente emocional. Son muchos los ejemplos a nuestro alrededor por los cuales una persona se encuentra con la situación ideal para ser lectora y, sin embargo, inevitablemente parece empecinarse en no leer. Sencillamente no lee porque no quiere. ¿Por qué motivos adoptamos un comportamiento? Fundamentalmente por dos: porque se trata de un comportamiento que me atrae por las razones que sean o porque la que me atrae es la persona que lo tiene y yo, en el fondo, quiero parecerme a ella.

o Porque se trata de un comportamiento que me atrae. Un persona decide adoptar un comportamiento bien porque en si mismo le resulta placentero o, aún no siendo placentero en lo inmediato, supone una gratificación posterior que lo rentabiliza haciéndolo merecer la pena. Estamos empeñados en transmitir a nuestros alumnos el placer que representa la lectura, el disfrute que se consigue en el acto mismo de leer. la magia de la lectura. Así es con frecuencia, pero leer no siempre es un placer, a menudo supone un esfuerzo necesario para conseguir otros objetivos y sólo la consecución de estos justifica ese esfuerzo inicial. Educar es capacitar al alumno para realizarlo y convencerlo de que es un comportamiento válido para la vida. El fruto de esa magia a veces sólo lo veremos después de haber pasado el trago. No convenceremos de la conveniencia de la lectura a nuestros alumnos si no es a través de, al menos, uno de estos dos caminos. Conseguir que descubran la pasión de la lectura es entrar directamente en el camino de los sentimientos. La pasión se comunica con pasión, el placer disfrutando, la creatividad ejercitándola. Animar y motivar la lectura sólo se realiza con ánimo y motivación. Con actividades que así lo transmitan y con un clima permanente favorecedor de esa experiencia. Pero educar también es transmitir que leer resulta a menudo un esfuerzo árido pero que compensa en la vida y que nos va a aportar capacidades para crecer en ella. Un plan de lectura también ha de hacer posible esa experiencia: la del esfuerzo gratificante no necesariamente a corto plazo. Aportar al alumno los recursos necesarios para hacer de la lectura una experiencia satisfactoria, no frustrante y las pruebas habituales de que ese comportamiento es beneficioso.

o Porque hay un modelo humano que me lo contagia. Por último, adoptamos un comportamiento porque imitamos un modelo con el que nos queremos identificar. No me convencen los discursos de la persona, me convence la persona en sí. Me convence un comportamiento que le veo practicar. Me seduce la persona y me seduce el comportamiento. No adopto esa conducta tanto por un convencimiento racional como por un proceso de contagio. Entramos de lleno en el factor humano. ¿Cómo modificar esas prácticas sin hacerlo con la persona que las practica? No se disfrutará si antes el maestro no disfruta, no sentirá emoción si el maestro no se emociona, no habrá pasión si sólo percibe desapasionamiento, no leerá si no ve y escucha leer a su maestro, será un comportamiento que rechazará si rechaza el modelo de persona que le presenta el maestro. No modificaremos esas prácticas si a nuestra vez no sabemos y no queremos. Como dice muy expresivamente Víctor Moreno, la lectura es un virus que se contagia y no se puede contagiar aquello que no se padece.

Pero el contagio no solo es aplicable a la lectura sino a la mayor parte de los conocimientos que pretendemos transmitir. Somos un modelo, querámoslo o no, tenemos el foco permanentemente puesto sobre nosotros. Nos podemos desentender de ello y comportarnos como un funcionario ideal, neutral, aséptico, distante, pero seguiremos siendo un modelo y ese modelo que estamos proyectando sobre nuestro alumnado favorece o interfiere en el aprendizaje. La responsabilidad profesional, la responsabilidad cívica, la responsabilidad humana nos lleva a tomar en serio este asunto. Se trata de educarlos y educarnos a nosotros a la vez. Hacer del proceso educativo un proceso de crecimiento personal para todos los que se encuentren implicados en él. Podremos, pues, aceptarlo o rechazarlo, pero no nos engañemos, en este último caso estaremos hablando de comodidad o miedo. Comodidad, no querer complicarse la vida, o miedo a mostrarnos ante los demás como somos o, incluso, a vernos ante nosotros mismos.

Un programa de educación emocional que debería abarcar varios niveles:

1. Desarrollo emocional del docente a través:
a. De la autorreflexión sobre la práctica educativa y de la reflexión sobre nosotros mismos.

b. De un programa de sesiones para el entrenamiento emocional.

2. Integración de prácticas educativas adecuadas para el desarrollo de las capacidades de armonización cognitivo-emocionales.


a. En el aula.


b. En la organización y funcionamiento del centro.

3. Programa para el entrenamiento emocional del alumno integrado en el currículum ordinario a través de:


a. Sesiones en las áreas.


b. De la acción tutorial en horas de tutoría.





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